Observaciones del Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el concierto celebrado con motivo del día de los Derechos Humanos
Sede de las Naciones Unidas, Nueva York
15 de diciembre de 2008
Gracias, señor Akasaka
Señor Secretario General,
Señora Vicepresidenta,
Excelencias,
Señor Secretario General Adjunto,
Queridos amigos,
Hermanos y hermanas,
Doy a todos ustedes la bienvenida a este gran salón para celebrar el sexagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esta Carta Magna, con su convincente visión de los derechos y responsabilidades que compartimos, es una fuente de inspiración para toda la familia humana, así como de orientación para la labor de las Naciones Unidas. Doy también de nuevo la bienvenida a este salón a Daniel Barenboim, gran músico y Mensajero de la Paz de las Naciones Unidas, que viene como emisario de un noble experimento musical que él denomina "la república soberana independiente de West-Eastern Divan". Es para nosotros un honor darle un sitio en esta asamblea de naciones.
En las celebraciones realizadas la última semana en todo el mundo con motivo del aniversario de la Declaración Universal, un mensaje se ha repetido constantemente: tras varios decenios de intenso trabajo, contamos en la actualidad con un conjunto poderoso y exhaustivo de normas internacionales de derechos humanos; ahora debemos centrar toda nuestra atención en que estas normas se apliquen universalmente.
Hay fuerzas en el mundo que consideran que estas normas son pintorescos cuentos de hadas que sólo constituyen distracciones en la búsqueda de poder, riqueza y dominio, que reviste más importancia. Nuestra tarea consiste en garantizar que el respeto de los derechos humanos arraigue profundamente en nuestras culturas, no sólo los sábados o domingos, sino todos los días de la semana.
Para esto, es necesario fomentar una cultura omnipresente de paz, de respeto y, como pone de relieve con tanta frecuencia Daniel, de igualdad entre las personas. En este sentido, debemos apelar a las grandes reservas de buena voluntad y coraje de cada uno de nosotros, para hacernos oír y para afirmar estos valores en nuestra vida diaria, incluida la actividad cotidiana de las empresas y los gobiernos.
Cuando Daniel Barenboim y Eduard Said, el difunto erudito y activista de los derechos humanos palestino, fundaron la Orquesta West-Eastern Divan hace casi 10 años, hicieron uso de estas reservas de coraje y determinación. Se inspiraron en los esfuerzos de reconciliación en el Oriente Medio, que parecían no tener futuro. Su visión nos ha traído esperanza para seguir desarrollando la cultura de paz. También debe darnos fuerzas para poder actuar de acuerdo con nuestras convicciones.
Agradecemos a Daniel y a los diversos miembros de la Orquesta Divan por traernos su maravillosa música esta noche. Doy también las gracias a la Misión Permanente de España y al Departamento de Información Pública por haber hecho realidad este concierto. Que esta música nos transmita los valores de la Declaración Universal y nos inspire a comprometernos con ellos. Esta noche, inspirémonos en las infinitas posibilidades del talento humano en nombre de nuestros derechos universales.
Gracias.