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Las guerras silenciosas del cambio climático

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Narración

Maraka Lomariakipi se levanta al alba todos los días y se prepara para dar de comer a las cabras.

A la misma hora, su mujer sale también al campo para buscar la forma de saciar la sed de su familia.

Para los pastores como Maraka y su familia, en el condado de Turkana, en Kenya, es difícil encontrar agua y alimentos tanto para los animales como para ellos mismos.

«Ya han pasado dos o tres años desde la última vez que llovió en condiciones.»

Mientras que Maraka y los más jóvenes de sus quince hijos se han quedado con las cabras, cerca del asentamiento de Lobei... los mayores se fueron hace días a buscar pastos más verdes.

Estos miembros de la familia establecen su campamento aquí, a unas nueve horas a pie de distancia… No sólo están lejos de sus padres, sino también de sus colegios o de los servicios de asistencia sanitaria cuando enferman o sufren alguna herida.

La vida en un entorno tan implacable es muy frágil.

La mala nutrición mina la salud; la salud afecta a la educación y la educación influye en su futuro económico. Salud y educación son requisitos básicos para una vida estable que garantice la supervivencia.

«La supervivencia no atañe tan sólo a un aspecto de la vida. Afecta a todos aspectos que la amenazan, como aquellos que ponen en peligro el sustento y la dignidad.»

Fatma Said trabaja para la Organización Internacional para las Migraciones, la agencia coordinadora que se creó con el objetivo de hacer frente a todos esos aspectos de manera integrada.

«Creo que el problema predominante en esta zona se debe al cambio climático. Los recursos escasean tanto que tenemos que pelearnos por ellos.»

Esta competición por los recursos enfrenta a comunidades vecinas y convierte algunas partes de Turkana en campos de batalla secos y letales.

Maraka entiende estos peligros mejor que nadie.

Ya no tiene ganado. Se lo robó una tribu cercana en una serie de asaltos.

Hace seis años, le dispararon cuando intentaba evitar que le quitasen sus camellos. // Y hace poco más de un año, su hijo mayor murió en un ataque.

«Por las noches siempre estoy preparado para los ataques, y me pongo muy contento cuando llega la mañana y no ha venido ningún saqueador.»

Pero ahora, con sus hijos en el campo... el miedo sigue pesando sobre sus hombros.

«La seguridad de mis hijos es una preocupación constante. Ahora mismo estoy preocupado por su situación.»

Como los pastores de Turkana a menudo recorren largas distancias, la Organización Mundial de la Salud patrocina programas de educación y difusión sobre la salud diseñados para detectar enfermedades rápidamente y evitar su propagación.

Por otra parte, UNICEF apoya los colegios móviles: tiendas sencillas donde se imparten lecciones básicas.

El objetivo último de estos programas es llegar a poblaciones difíciles y en riesgo, y proporcionar a la gente opciones de futuro.

Helen Long’oli Kamareat Lokirdi, antigua pastora, ha encontrado su propio camino para obtener una mayor seguridad.

Helen, viuda con siete hijos y un nieto, solía preocuparse por cómo iba a dar de comer a su familia.

«Sentí mucho dolor porque la vida era muy dura cuando murió mi marido. Estaba estresada pensando constantemente en el futuro de mis hijos.»

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Después se unió a los llamados grupos de mujeres para recibir la formación sobre agricultura impartida por el gobierno.

Ahora dirige una pequeña cooperativa agrícola y cultiva el terreno con sus compañeros.

Siembran semillas que les proporciona la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, dedicada a buscar la seguridad alimentaria. Ahora tienen suficiente para vender los excedentes en el mercado.

Helen, por fin, puede dar de comer no sólo a sus hijos, sino que, de vez en cuando, también puede alimentar a los niños y niñas de sus vecinos.

Maraka quiere tener un mayor control sobre su futuro... pero de momento está más centrado en la supervivencia de sus hijos... que cuidan del ganado en una parte muy peligrosa del país.

La tranquilidad sólo llega cuando las sombras vuelven a reflejarse en el suelo... y ayuda a su hijo, que va armado para poder protegerse, a llevar a los camellos de vuelta al campo.

«La vida que quiero, en Turkana y en Kenya, // consiste en vivir en paz // Permítannos disfrutar de la paz.»

Este reportaje es una producción de Mary Ferreira para las Naciones Unidas.

16 de julio de 2015

No se suele informar de ellas, pero las guerras provocadas por el cambio climático ya están ocurriendo, como esta que se libra entre pastores kenianos por el robo del ganado tras años de sequía. La ONU trata de paliar los efectos y daños de ese cambio climático.

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